Ledesma, al que vi apenas tres veces en mi vida, dijo un día "¿no quieres?", "no, paso, gracias" era yo quien rechazaba un churrito recién forjado. Tirados en el pasto nos quedamos observando el techo de nubes que cubría los arrebatos de pasión reprimidos.
Inhaló, se suspendió el tiempo por diez minutos, y luego exhaló una frase "deberías, las drogas y tú están diseñadas la una para la otra". No fue su calibre lo que enfrió mi piel sino la certeza de la frase. Por más de ocho años he tratado de convencerme de lo contrario, él siempre supo más de mi que yo misma.
(ocho años después)
El sol es tanto que ya sale por el suelo también, el calor sólo sabe dar amor. Caminamos abrazados por el desierto, él se separó de la soledad. Nos comimos los ojos y escupimos la miel.
El desierto -también me recuerda a Ledesma- inhóspito, y por eso favorito, paraje seduce al abandono, es imperativo dejarte ahí mismo, quedarte para siempre como muestra clara de supervivencia: resistes, el sol no te destruye.
Devaneas hasta encontrarte ocho años de vida alojada para ti, las certezas entran por la puerta en fila india. Raramuri nació cuando Ledesma te habló de la compatibilidad de caracteres y el matrimonio. Con el tamaño ideal has decidido comer sólo la mitad. Raramuri es fruto del desierto, así como Mois es el fruto de la tierra.
El reino fungi entra por la lengua y se va a la mente, todo corre a ese lugar. Viajas y vuelas. Tardas dos horas en volver, te desdoblas, caes al suelo, tu cuerpo fue hipnotizado sólo la mitad. No entiendes, caminas, te mueves, en la tranquilidad del estatismo entiendes: volaste junto a Raramuri, se amaron en silencio, en la complicidad del desierto.
Volverás, Ledesma lo supo (por adelantado), una vez al año a visitar a los suyos en comunión. No es adicción, literalmente es: playground love.
1 comentario:
No hay droga más eficiente que el amor de una mujer; viaje más exótico que el que la carretera de sus piernas depara; placer más profundo que el de su cálido abrazo. No lo llamo adicción, lo llamo amor a mí mismo. Por ese amor a mí mismo vuelvo a viajar, una y otra y otra vez...
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